
¿Desde dónde me construyo como terapeuta?
Inicié mi formación desde un modelo tradicional, en un momento en el que necesitaba ordenar, controlar y entender mi experiencia desde estructuras claras. Por eso me orienté hacia terapias focalizadas en la conducta: hablaban el mismo idioma que yo en ese entonces.
Con los años —a partir de la clínica y de mi propio proceso— empecé a notar que ese enfoque me permitió ordenar ciertas cosas, pero no siempre alcanzaba a abrir otras dimensiones de la experiencia. Podía, en muchos casos, organizar la conducta, pero no necesariamente abrir lo que estaba sosteniendo esa conducta. Y lo que en un inicio fue orden, empezó también a mostrar sus límites.
Hoy, mi certificación como supervisora en EMDR, junto con mis posgrados y másteres, conviven —no sin tensión— con lo que el trabajo sobre mí misma fue poniendo en cuestión.
No desde un rechazo a esos modelos, sino desde la necesidad de integrarlos con otras formas de escuchar lo que aparece.
Actualmente, profundizo en el trabajo bioenergético, la práctica contemplativa y el estudio de distintos niveles de conciencia, incluyendo estados no ordinarios.
Mi formación incluye EMDR, pero mi práctica no se apoya en protocolos rígidos ni en una aplicación técnica descontextualizada. Trabajo desde lo que aparece en la sesión, priorizando la presencia, el vínculo, la escucha del cuerpo y el ritmo de cada persona, integrando distintas herramientas según lo que la experiencia vaya necesitando.
Me interesa especialmente acompañar esos momentos en los que el control internalizado comienza a agrietarse: qué aparece, cómo se organiza y qué necesita ese sistema para no tener que defenderse como antes.
En ese proceso, no se trata de empujar cambios ni de cumplir objetivos de manera forzada, sino de ir generando las condiciones para que algo pueda empezar a vivirse de otra manera, sin perder de vista eso que trajo a la persona a consulta.
Ser testigo de cómo la experiencia de la persona se va ampliando es, hoy, para mí, más significativo que forzar el proceso para llegar a un objetivo inicial.
También fui encontrando algo que hoy es central en mi forma de trabajar. Algo que puede parecer obvio para la lógica, pero que es mucho más complejo de sostener desde el resonar y la intimidad con otra persona:
Observar. Pero observar de verdad. Ver cómo es esa persona, más allá de lo que muestra o logra decir.
La palabra respetar puede entenderse, en un sentido más profundo, como “volver a mirar”. Y en ese sentido, no es solo una actitud de cortesía, sino una forma activa de presencia: cognitiva, emocional y corporal.

Observarme a mí —a mi yo terapeuta— también forma parte de este proceso. Porque es desde ahí que voy conociendo y reconociendo las distintas condiciones que producen estos síntomas.
Trabajo con lo que históricamente se han llamado trastornos alimentarios, desde una mirada que integra trauma, cuerpo, experiencia subjetiva y también colectiva.
No abordo el síntoma como un error a corregir, sino como una forma de organización que responde —también— a múltiples condiciones que la hicieron necesaria: vinculares, culturales, biográficas y corporales.
El síntoma también puede ser vuelto a mirar. Y desde ahí, empezar a conocerse en la singularidad de cada persona, en su propio significado.
A veces lo pienso como escuchar. Cómo ir escuchando canciones y armando listas. Y dentro de esas listas, ir reconociendo géneros que no dejan de complejizarse y superponerse.
Los síntomas de un trastorno alimentario no aparecen aislados. Suelen convivir con múltiples formas de malestar: en el cuerpo, en lo emocional, en los vínculos y en la forma de habitar la vida.
Creo necesario recordar el respeto por los tiempos de cada proceso.
No todo lo que vemos en clínica puede —ni necesita— ser transformado de inmediato. Hay síntomas que están cumpliendo una función: sostener algo que todavía no pudo integrarse.
Y eso no siempre tiene que ver con falta de voluntad o resistencia. Tiene que ver con condiciones. Con la posibilidad —o no— de sentir, de registrar, de sostener una experiencia sin que el sistema se desorganice.
Por eso, en algunos momentos, el trabajo no es apurar el cambio, sino acompañar hasta que haya mayor capacidad para que algo pueda ser vivido de otra manera.
No se trata de que el síntoma “tenga que quedarse”. Se trata de entender qué función está cumpliendo, hasta que otra forma de sostener eso sea posible.
Y en ese sentido, no siempre es necesario conocer el origen exacto de lo que pasó para que algo empiece a transformarse. A veces el movimiento ocurre en la experiencia presente, cuando hay condiciones distintas para sentir lo que antes no pudo ser sentido.
No se trata solo de entender qué pasó.
Sino de poder ver cómo eso sigue vivo en la relación con una misma.
Acompaño a personas a construir, de a poco, una forma distinta de habitar esa experiencia.
No trabajo para eliminar síntomas. Trabajo para que algo pueda empezar a sentirse.
Recorrido.
Mi recorrido en psicología comenzó dentro de un enfoque cognitivo-conductual, donde me formé inicialmente en trastornos alimentarios en la Universidad Favaloro y en el ámbito clínico del CTC. Ese fue mi primer marco de trabajo, centrado en la conducta, la estructura y la regulación.
Con el tiempo, esa mirada empezó a ampliarse y me llevó a incorporar el abordaje del trauma a través de EMDR. Me formé como terapeuta acreditada por EMDRIA y luego como supervisora certificada, profundizando en el trabajo con trauma complejo, disociación, somatizaciones y trastornos de la personalidad en distintos espacios de formación, entre ellos la Asociación Española de EMDR, Espaço da Mente (Brasil) y AGATE (Colombia).
En paralelo, continué especializándome en trastornos alimentarios, realizando el Máster en la Universidad Complutense de Madrid, lo que me permitió integrar el trabajo clínico con una mirada más amplia sobre la complejidad de estos procesos.
Este recorrido se fue profundizando con prácticas contemplativas y formaciones en mindfulness y compasión, incluyendo el programa de la Sociedad de Mindfulness y Salud Argentina, MBSR Essentials y la formación en Terapia Centrada en la Compasión (CFT), integrando la regulación emocional con una mirada más amable hacia la experiencia interna.
A medida que avanzaba en la clínica, comencé a incorporar formaciones orientadas al cuerpo y la experiencia directa, como la bioenergética (IAAB), que estoy comenzando a transitar, el focusing y los cursos impartidos por Virginia Gawel, ampliando la comprensión más allá de lo cognitivo y lo verbal.
Actualmente, me encuentro cursando un Máster en Psicología Transpersonal, explorando el trabajo con distintos niveles de conciencia, incluyendo estados no ordinarios, y ampliando la comprensión de la experiencia subjetiva.
Además, complementé mi formación con estudios en psiconeuroinmunoendocrinología clínica (SAMES), terapia de parejas y dependencias afectivas, incorporando una mirada más integral sobre los vínculos y el cuerpo.
Mi recorrido no responde a una única escuela, sino a una búsqueda sostenida por comprender la experiencia humana desde distintas capas: la conducta, el trauma, el cuerpo y la conciencia.
Licenciada en Psicología
M.N. 67567Máster en Psicología Transpersonal
Formación continua - EMDR
Supervisora certificada - EMDR
Terapeuta EMDR acreditada - EMDRIA
Máster en Trastornos Alimentarios
Universidad Complutense de MadridPosgrado en Trastornos Alimentarios
Universidad FavaloroTrastornos de la Personalidad
Asociación Española de EMDREntrenamiento EMDR en Trastornos Alimentarios
Espaço da Mente (Brasil)
Cumbre virtual de EMDR
AGATE (Colombia)Trauma, apego y disociación en Trastornos Alimentarios
AGATE (Colombia)Bioenergética – IAAB
Focusing
Terapia Centrada en la Compasión (CFT)z
Cultivar la Mente
Programa de Mindfulness y Compasión
Sociedad de Mindfulness y Salud ArgentinaMBSR Essentials
Grupo de estudio ACT – Manuela O’Connell
Psiconeuroinmunoendocrinología clínica – SAMES
Posgrado en Terapia de Parejas – CTC
Dependencias afectivas – CTC
Trastornos alimentarios – CTC
Terapia Cognitivo-Conductual – CTC